| Barcelona ha tenido tres basílicas a lo largo de estos 17 siglos. La basílica paleocristiana del s.IV. En las excavaciones iniciadas en el año 1945, fueron puestos al descubierto los restos de la primitiva catedral, una buena parte de ellos, se pueden visitar en el subsuelo de la catedral. Los francos (a.801), a raíz de la reconquista de Barcelona, además de establecer la Canónica (o colectivo de canónigos) en nuestra ciudad, ayudaron a restaurar la Catedral, obra en la que intervino el obispo Frodoí hacia el (a.877). El año 985 el caudillo Almazor -como hemos mencionado-, realizó la más famosa de las razzias musulmanas, destruyendo la ciudad de Barcelona. Deteriorada la Catedral por todas estas incursiones, Ramón Berenguer I y su esposa Almodis, iniciaron la construcción de una nueva basílica románica, en 1045, que fue consagrada (a.1058) por el arzobispo Guifred de Narbona. Las obras de la actual catedral gótica, se iniciaron el 1 de mayo de 1298, durante el pontificado del obispo Bernat Pelegrí y el reinado de Jaime II y fueron prácticamente acabadas a mediados del siglo XV, en tiempos del obispo-patriarca Climent Sapera, siendo rey de Aragón Alfonso V. Nos cuentan también los libros de fábrica que mientras la antigua basílica romànica se iba demoliendo -posiblemente con no mucho cuidado por conservar las piezas artísticas- se construía majestuosa, la gótica. Exceptuando el actual cimborrio y la fachada principal, la catedral gótica se terminó en ciento cincuenta años, y se podrían destacar tres estapas características: En la primera se planeó todo el edificio: dos puertas laterales con estructuras arcaicas de factura italiana, la planta de tres naves con la misma altura, un solo ábside, un deambulatorio y 10 capillas radiales, el presbiterio con su altar mayor, la cripta y el falso crucero. Hemos de destacar en este período la actuación del arquitecto Jaime Fabré, como también la aportación de los fieles y de los clérigos. El obispo Ponç de Gualba (1303-1334), fue el gran impulsor de esta obra y se preocupó de que nunca faltaran los recursos económicos necesarios.
La segunda etapa se caracteriza por la prolongación de las tres naves con las capillas laterales hasta llegar a la altura del trascoro. Estas tienen una galería superior, con tal disposición que parecen dos naves más, y da la sensación de que el templo diverge más que converge, dando una amplitud y una iluminación que son propias del gótico catalán. La tercera etapa se debe fundamentalmente al obispo de Barcelona, denominado el Patriarca Sapera (muerto en 1430); se construyó la parte inferior del cimborrio, que será cubierto por un artesonado de madera, y a la vez se abrieron -con unos arcos más amplios- las capillas de los pies de la iglesia. Esta fue cerrada con un simple muro (a.1417) esperando la construcción de la fachada.
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